La dirección social finca toda su actividad en las normas primarias; señala y precisa la orientación de esa actividad en las normas fundamentales de la planeación; crea la normatividad jurídica que garantice la justicia de su actuación en los preceptos fundamentales de la organización; por la dirección social actúa verdaderamente como tal se manifiesta con el dinamismo que le es propio, hasta que da vida a las normas fundamentales de la integración. La dirección social está dirigiendo hasta que engendra la corriente de integración en y a través de los grupos humanos; de todos los grupos humanos, desde el más pequeño y modesto casi de carácter celular como es la familia, hasta la comunidad nacional organizada en Estado o hasta los organismos internacionales.
En la integración, como lo vimos en su oportunidad, la dirección social tiene los deberes promocionales claramente definidos: a) la promoción de los derechos de la persona humana, y b) la promoción de la actuación de los grupos dentro de los cánones de la organización, tendientes a realizar el bien común.
¿Cuál de estos dos deberes es más importante? ¿Cuál es más urgente? ¿Cuál es más necesario? Estas preguntas, en realidad no deberían formularse si aceptamos el verdadero espíritu de la época. Los dos son igualmente importantes, urgentes y necesarios.
La pronunciación de los derechos de la persona humana es hoy una de las tareas más dignas y valiosas. Cuando las formas de la convivencia y el sentido de la civilización concurren en el mismo impulso de encubrimiento de los valores colectivos, el destino personal del hombre parece empequeñecerse hasta quedar convertido en una simple función celular. Todo habla de la importancia del número. Todo se hace a favor de lo multitudinario. Y al propio tiempo, todo se encierra en los confines del mundo. Lo colectivo y lo que se pueda realizar en la tierra, y – hemos de agregar – lo que tenga una existencia temporal, condensa o resume lo que llena los afanes de nuestra época. Por eso, si la dirección social – en aparente contradicción con lo que su propio nombre sugiere – actúa para defender los derechos que el hombre tiene para ser respetada y auxiliado en su dignísimo anhelo de lograr una perfección muy superior a todo lo que el mundo puede ofrecer y más valioso que cuanto pueda hallarse en el transcurso del tiempo, llevará a cabo una labor de incalculable mérito. ¡Y es tanto lo que el hombre necesita para vivir como hombre! ¡Está tan olvidado de su propia esencia! ¡Es tan opaca su fe en los valores trascendentes! Quisiera creer, pero las condiciones que privan en su derredor lo hunden cada vez más en su servidumbre. Es el siervo de lo colectivo y de lo terrenal, como es vasallo de la materia y del tiempo. La dirección social, si entiende su misión y su responsabilidad, habrá de crear los factores de motivación que el hombre requiere para reclamar su verdadero puesto, para hacer uso de las facultades que son inherentes a su propia naturaleza, y vivir – aún en lo pequeño y modesto de una condición humilde – como vive el ser digno y noble que lleva consigo como persona.
Y la promoción de la actuación de los grupos organizados para realizar el bien común – el propio de cada grupo en particular, y el de la sociedad en general – es el otro aspecto igualmente meritorio de la tarea que le incumbe a la dirección social.
Es, verdad, la promoción de un cambio radical en la orientación de gran parte de nuestras instituciones sociales. Es promover una civilización con el signo humanista de la auténtica justicia social – tan pregonada y tan mixtificada en el ambiente de egoísmo de grupos que hoy prevalece.
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Monday, July 20, 2020
Sunday, July 19, 2020
La Dirección, su significado e importancia - La dirección y las normas fundamentales de la organización Parte 2
Pues bien, es la Administración un saber rector que desde el ángulo formal de la eficacia está recogiendo las enseñanzas de la doctrina que en materia social se ha venido elaborando, principalmente por sociólogos y filósofos cristianos, para hacerlas vivir en la dirección de los grupos humanos: la dirección social es un movimiento profundamente existencial.
De esas enseñanzas la Administración ha tomado los principios que la dirección está convirtiendo en las normas fundamentales de la organización de los grupos sociales. Estos preceptos exigen, como condición de eficiencia en la labor directiva, la unidad que da el orden jurídico o sea la coordinación de las actividades de los individuos agrupados, al tomar estos conciencia de sus obligaciones, facultades, responsabilidades y derechos, a la luz de fin común que todos pretenden alcanzar.
Pensemos bien lo que esto significa. La dirección es eficaz cuando consigue armonizar los derechos de la persona humana con las exigencias de bien común. En esta simple frase está toda la doctrina del orden verdadero, de la justicia y de la caridad en la vida social. Esta coordinación del hombre y la comunidad es, en realidad, el punto clave. Los últimos siglos, por apartarse de tal principio convulsionaron el mundo de la convivencia. Hoy se insiste con razones más firmes y poderosas, con más valiosas experiencias. Y la administración moderna pone su parte, en su modesta posición de disciplina servidora, para exigir que la doctrina haga norma de eficacia e impere a la dirección de los grupos humanos a realizarla.
El respeto a los derechos de la persona humana, comprendiendo su existencia temporal y su destino eterno, impide los extremismos totalitarios, sin distinción de uniformes o banderas.
Y el respecto a las existencias del bien común ahoga los excesos del individualismo, sean cuales fueren sus disfraces y subterfugios. Un orden jurídico inspirado en estos principios es el orden auténticamente justo. Es el orden capaz de evitar el peligro terrible de la conjugación desquiciante de los vicios extremos aludidos, como sucede en el fenómeno de egoísmo colectivista de los grupos sociales: la humillación de la persona humana ante el interés del grupo, y el obstáculo de este interés impidiendo la realización del bien común de la sociedad en general. Un orden como este es el que la dirección social debe crear, conservar y desarrollar en toda la vasta extensión de la convivencia humana.
Nunca, en verdad, pude ser más trascendental la responsabilidad de una ciencia como la que hoy tienen la administración.
Justificadamente se dijo alguna vez que esta disciplina era la que con mayor fidelidad podía recoger e interpretar las angustias de nuestro siglo.
Thursday, July 16, 2020
La Dirección, su significado e importancia - La dirección y las normas fundamentales de la organización Parte 1
Seguimos en nuestro afán de insistir. La doctrina de la administración a la que hemos dedicado nuestras reflexiones hace de la dirección social una actividad en el orden existencial, cuyo punto de partida esta en el ser y su meta en el deber ser. Expresada estas ideas en otros términos se representaría así: La dirección social es la conducción de los grupos humanos concretos, específicos, reales, como existen y son, a un fin determinado que les favorece por que en alguna forma es el logro de lo que está implícito en la propia naturaleza del hombre conducir a los grupos tomando como apoyo su realidad sociológica, enclavada en la historia y con una cierta e inconfundible fisonomía cultural, para que conquisten un objetivo que la Moral o el Derecho o la Política han señalado en función de esa otra realidad íntima que es la esencia del hombre y de la sociedad como es dirigir con la máxima eficacia posible.
Esta tesis se sintetiza como lo hemos venido haciendo, notar en la función de la dirección. La hemos visto a través de las normas primarias y después en las normas fundamentales de la planeación. La volveremos a ver - esperamos que con mayo claridad aún - en las normas fundamentales de la organización:
Se dijo que para organizar, la dirección debería tener muy precisos los fines cuya realización procuraría la actividad del grupo dirigido. Esos fines – innumerables y variadísimos en la práctica – deberían ser la expresión de un bien común de la sociedad en general. Creemos haber sido suficientemente explícitos acerca de este punto que la filosofía social cristiana ha estudiado con tanto amor a la verdad. Y si no hubiere sido así, sobran textos magníficos en los cuales puede recogerse la amplísima doctrina que el pensamiento católico ha elaborado. No hace falta agregar más por ahora.
En cambio, si queremos enfocar nuestra atención a los otros aspectos de nuestra tesis, especialmente hacia aquellos en los cuales la organización está directamente interesada.
La dirección social necesita estar en la realidad objetiva y concreta, conocerla, tomarla en consideración, identificarse con ella. En nuestro caso, esa realidad - la actual, la de hoy, la que estamos viviendo – consiste en la proliferación asombrosa de los grupos en el seno de la sociedad. Es consecuencia natural del fenómeno de la socialización mencionado por Juan XXIII en Mater et Magistra. Ahora bien, tal multiplicación de los grupos sociales puede ser altamente provechosa o terriblemente nociva para la vida humana. Todo depende de la dinámica de las agrupaciones en la corriente de la convivencia. Todo será según la orientación que tengan, según su recíproco reracionamiento, según su fuerza intrínseca, según las modalidades de su organización interna, según la dirección que en ellas se ejerza. Si los grupos actúan para suplir las deficiencias e imperfecciones del individuo, serán inmejorables formas de elevación y perfeccionamiento de la vida humana; pero si oprimen y esclavizan la existencia personal en nombre de un interés colectivo que pretende tener una indiscutible preeminencia, entonces serán otros tantos factores de envilecimiento y degradación. O si los grupos actúan como instrumentos hábilmente estructurados para disfrazar apetitos individuales y hacen de la agresión sistematizada su actividad habitual, entonces, como ya lo comentamos en páginas anteriores, desencadenarán múltiples impulsos de desintegración social. Y en grandísima parte ¿de que depende que tales cosas ocurran o dejen de ocurrir? Sin duda alguna de la dirección que los grupos tengan. Y así no explicamos, consiguientemente, por que la Administración tomó en el campo de las relaciones humanas u lugar que nunca había tenido; por qué, rebasando los viejos límites del buen manejo de las cosas, reclamó una posición de gran dignidad sintiéndose responsable de la dirección de los grupos humanos. Y no explicamos, además, por que esta nueve Administración es tan reciente que apenas adquirió las características que hoy se le reconocen, no antes de la tercera decena de este siglo XX.
Su responsabilidad, efectivamente, es inmensa. Y lo es por que se ha constituido en el centro de una actividad directa que siempre había existido, pero que también siempre había operado en forma dispersa, como una función empírica realizada por individuos sin especial preparación, intuitivamente. La Política era la única sistematización científica de la dirección. Muy discutida en sus fundamentos y todavía más en sus métodos. Fue ciertamente, en su misión de señalar los fines justificativos de la actividad de Estado como ha logrado sus mejores éxitos.
Pero la dirección social propiamente dicha, la dirección que tienen una universalidad completa, la que está presente en todas y cada una de las agrupaciones humanas, es la que ahora llena el ámbito de una disciplina a la que le corresponde ya la categoría de una ciencia.
Wednesday, July 15, 2020
La Dirección, su significado e importancia - La dirección y las normas fundamentales de la planeación.
Recordémoslas sumariamente: 1) la planeación, para su mayor eficacia, debe reconocer y respetar la naturaleza humana de los dirigentes; 2) La planeación, debe ser congruente con las condiciones del medio en que el dirigente actúa; 3) La planeación debe reconocer y respetar la naturaleza humana de los dirigidos; y 4) La planeación debe sistematizarse.
Hicimos ya las consideraciones y comentarios que juzgamos pertinentes y guisa de explicación. No los vamos a repetir, por supuesto. Pero si los tenemos presente, creemos útil hacer algunas reflexiones complementarias, tomando a estas normas de la planeación en su conjunto y relacionándolas con las de carácter primario a las que acabamos de referirnos.
De ellas podemos desprender otros aspectos de nuestra doctrina sobre la Administración:
La dirección social busca su mayor eficacia a través de la planeación sistematizada de lo que el grupo dirigido habrá de realizar. Ahora bien, ya que en esta labor de planeamiento, según se deduce de la primera norma, está presente, con toda su significación moral, la conciencia crítica del dirigente, su capacidad de prever las consecuencias de sus objetivos, de sus políticas y de sus programas de acción, su libertad personal para decidir sobre el contenido de estos planes y, naturalmente, su plena responsabilidad al proponerlos para su ejecución.
Además, la planeación se ha de elaborar con un sentido eminentemente realista y positivo. Para que la responsabilidad del dirigente no fugue por la puerta falsa de la fantasía ni tenga la excusa de la inconsistencia teórica, la segunda norma le obliga a ceñirse a las condiciones del medio en el que actúa, lo cual implica el examen minucioso de las condiciones materiales o físicas y de las peculiaridades de índole humana y social.
Y por último para que la responsabilidad moral del dirigente quede mas claramente definida aún la tercera norma obliga a tomar en consideración de un modo especial, la naturaleza humana de los dirigidos. Y es lógico que sea así. Los planes, obra de la inteligencia y de la libertad, se han de ejecutar por seres inteligentes y libres. Seguramente en grande o en pequeño, con mayor o menor hondura, la vida de los dirigidos se ha de ver afectada por los planes en cuya realización se comprometen y decir esto es lo mismo que afirmar su influencia, directa o indirecta en la valoración moral de la conducta que habrán de seguir. ¿Cómo no reconocer, entonces, la responsabilidad de los dirigentes, por las consecuencias que su actuación tenga sobre el destino de los hombres a quienes dirigen?
Estas apreciaciones, en forma adicional, ratifican nuestros juicios anteriores al darle a la administración el rango y trascendencia de una disciplina de orden moral. Y confirman, además, su fundamentación filosófica en el sentido de reconocer la relación directa entre el ser de la realidad y el deber ser que de ella emerge con toda su fuerza existencial.
Hicimos ya las consideraciones y comentarios que juzgamos pertinentes y guisa de explicación. No los vamos a repetir, por supuesto. Pero si los tenemos presente, creemos útil hacer algunas reflexiones complementarias, tomando a estas normas de la planeación en su conjunto y relacionándolas con las de carácter primario a las que acabamos de referirnos.
De ellas podemos desprender otros aspectos de nuestra doctrina sobre la Administración:
La dirección social busca su mayor eficacia a través de la planeación sistematizada de lo que el grupo dirigido habrá de realizar. Ahora bien, ya que en esta labor de planeamiento, según se deduce de la primera norma, está presente, con toda su significación moral, la conciencia crítica del dirigente, su capacidad de prever las consecuencias de sus objetivos, de sus políticas y de sus programas de acción, su libertad personal para decidir sobre el contenido de estos planes y, naturalmente, su plena responsabilidad al proponerlos para su ejecución.
Además, la planeación se ha de elaborar con un sentido eminentemente realista y positivo. Para que la responsabilidad del dirigente no fugue por la puerta falsa de la fantasía ni tenga la excusa de la inconsistencia teórica, la segunda norma le obliga a ceñirse a las condiciones del medio en el que actúa, lo cual implica el examen minucioso de las condiciones materiales o físicas y de las peculiaridades de índole humana y social.
Y por último para que la responsabilidad moral del dirigente quede mas claramente definida aún la tercera norma obliga a tomar en consideración de un modo especial, la naturaleza humana de los dirigidos. Y es lógico que sea así. Los planes, obra de la inteligencia y de la libertad, se han de ejecutar por seres inteligentes y libres. Seguramente en grande o en pequeño, con mayor o menor hondura, la vida de los dirigidos se ha de ver afectada por los planes en cuya realización se comprometen y decir esto es lo mismo que afirmar su influencia, directa o indirecta en la valoración moral de la conducta que habrán de seguir. ¿Cómo no reconocer, entonces, la responsabilidad de los dirigentes, por las consecuencias que su actuación tenga sobre el destino de los hombres a quienes dirigen?
Estas apreciaciones, en forma adicional, ratifican nuestros juicios anteriores al darle a la administración el rango y trascendencia de una disciplina de orden moral. Y confirman, además, su fundamentación filosófica en el sentido de reconocer la relación directa entre el ser de la realidad y el deber ser que de ella emerge con toda su fuerza existencial.
Saturday, July 11, 2020
La Dirección, su significado e importancia - La dirección por personalidad o liderazgo.
Cuando la empresa o institución no es de gran volumen, o si lo es, se organiza de suerte que se constituye grupos de tal tamaño que sea posible integrar anímicamente a sus miembros alrededor del respectivo directos, la obtención de los propósitos puede alcanzar no por con acción sino por motivos que es fuerza creadora de energía.
A través de una dirección de una naturaleza será posible lograr acción efectiva que despierte entusiasmo y una alta moral en el personal; ofrecerá además oportunidades plenas de participación y constituirá un verdadero espíritu de cuerpo de amplia iniciativa.
Este enfoque de dirección por personalidad o liderazgo, destaca la importancia que tiene los asuntos de relaciones humanas para la dirección. Ella necesita conocer y entenderse sus subordinados, en su doble condición de individuos y de miembros de la organización y al hacerlo no sólo estará obteniendo mayor eficiencia en el trabajo de ellos, sino en el propio, puesto que en su efectividad dependerá fundamentalmente de esos factores, lo cual destaca la importancia del estudio de psicología y de sociología de parte del administrador.
El éxito, acierto o desacierto de la dirección serán evaluados en un alto grado por la habilidad y capacidad de sus subalternos. Y para ello el director debe requerir un gran conocimiento del ser humano, además de otros aspectos relacionados con el medio ambiente y con la experiencia. Una de las tareas más difíciles que deberá realizar siempre, es la renovación constante de sus conocimientos sobre el ser humano.
Con relación a la importancia vale la pena dar y conocer de manera resumida los que llevó a cabo Elton Mayo acerca de los grupos de trabajo y de papel destacado de la dirección en la labor integradora de ellos.
Mayo encontró tres grupos que llamó: el “natural”, el “familiar” y el “administrativo”. En el primero están las personas que pueden lograr un alto grado de integración, cooperación y sociabilidad, dada su personalidad y la posición que ocupan. Bajo en nombre de “familiar” distinguen a un núcleo de personal integrado de manera tan íntima y en forma casi familiar que obliga a los nuevos miembros a adaptarse o a no pertenecer en él. En el grupo “administrativo” la integración es obtenida, a través de la labor directriz, de la combinación de esfuerzo consciente de fijación de objetivos, metas humanas, etc., a que se ha hecho referencia y por la creación de entusiasmo y espíritu de cuerpo entre el personal.
A través de esos mismos estudios Mayo llegó a la conclusión de que para lograr una buena integración de los grupos natural y familiar estos deberían ser pequeños (no mayores de cincuenta miembros) y homogéneos, en tanto que el tercer grupo, su número podría ser más grande, bien que la dirección sea del tipo administrativo o de carácter personal o liderazgo.
A través de una dirección de una naturaleza será posible lograr acción efectiva que despierte entusiasmo y una alta moral en el personal; ofrecerá además oportunidades plenas de participación y constituirá un verdadero espíritu de cuerpo de amplia iniciativa.
Este enfoque de dirección por personalidad o liderazgo, destaca la importancia que tiene los asuntos de relaciones humanas para la dirección. Ella necesita conocer y entenderse sus subordinados, en su doble condición de individuos y de miembros de la organización y al hacerlo no sólo estará obteniendo mayor eficiencia en el trabajo de ellos, sino en el propio, puesto que en su efectividad dependerá fundamentalmente de esos factores, lo cual destaca la importancia del estudio de psicología y de sociología de parte del administrador.
El éxito, acierto o desacierto de la dirección serán evaluados en un alto grado por la habilidad y capacidad de sus subalternos. Y para ello el director debe requerir un gran conocimiento del ser humano, además de otros aspectos relacionados con el medio ambiente y con la experiencia. Una de las tareas más difíciles que deberá realizar siempre, es la renovación constante de sus conocimientos sobre el ser humano.
Con relación a la importancia vale la pena dar y conocer de manera resumida los que llevó a cabo Elton Mayo acerca de los grupos de trabajo y de papel destacado de la dirección en la labor integradora de ellos.
Mayo encontró tres grupos que llamó: el “natural”, el “familiar” y el “administrativo”. En el primero están las personas que pueden lograr un alto grado de integración, cooperación y sociabilidad, dada su personalidad y la posición que ocupan. Bajo en nombre de “familiar” distinguen a un núcleo de personal integrado de manera tan íntima y en forma casi familiar que obliga a los nuevos miembros a adaptarse o a no pertenecer en él. En el grupo “administrativo” la integración es obtenida, a través de la labor directriz, de la combinación de esfuerzo consciente de fijación de objetivos, metas humanas, etc., a que se ha hecho referencia y por la creación de entusiasmo y espíritu de cuerpo entre el personal.
A través de esos mismos estudios Mayo llegó a la conclusión de que para lograr una buena integración de los grupos natural y familiar estos deberían ser pequeños (no mayores de cincuenta miembros) y homogéneos, en tanto que el tercer grupo, su número podría ser más grande, bien que la dirección sea del tipo administrativo o de carácter personal o liderazgo.
Friday, July 10, 2020
La Dirección, su significado e importancia - La dirección administrativa.
Que obtienen sus propósitos a través de un esfuerzo conscientemente planificado de fijación de objetivos para la empresa o institución, referidos a metas, planes y programas:
Bajó este enfoque la dirección logra la moral y la colaboración asignado adecuadamente las tareas para todos los miembros de la empresa o institución y aplicando en sus verdadero sentido las normas organizativas formales y humanas.
Wednesday, July 8, 2020
LA DIRECCIÓN Y EL DIRIGENTE - La Dirección, su significado e importancia
La labor de conciliar intereses particulares y obtener los objetivos sociales, a través de los esfuerzos de la autoridad y de los integrantes de la organización, se conoce como “dirección”. A través de ella misma es que se logra la verdadera cohesión de las actuaciones, al ser toda estructura administrativa una comunidad de seres humanos que demande una contribución central en tal sentido.
La dirección no es así un fin sino un medio para llegar a la coordinación de esfuerzos individuales.
Para Urwick,... Una buena definición operativa de dirección es/... la función ejecutiva de guiar y supervisar a los subordinados. Su propósito principal es enseñarles, darles la información necesaria para sus labores, revisar los trabajos y sus métodos y tomar la acción que mermita la mejor realización.
La investigación administrativas realizadas por Elton Mayo permite colegir que la dirección necesaria para satisfacer esos fines tienen dos enfoques complementarios, pero distintos en sus concepciones básicas:
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